El relicario de Santa María Rivier se inspira en la cruz de las Hermanas de la Presentación de María. En el centro de la cruz se encuentra la reliquia de la Santa.

Los símbolos

 

La Cruz

María Rivier amaba la Cruz. Abrazó cada cruz como un regalo de Dios. A los 16 meses, se cayó y quedó lisiada; milagrosamente, pudo volver a caminar, aunque sus huesos seguían deformados y doloridos. Dios transformó su fragilidad física en su mayor fortaleza. El 21 de noviembre de 1796 fundó la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María. Abrió 141 comunidades y escuelas al servicio de los pobres y huérfanos abandonados en la región montañosa de Ardèche, Francia. Su vida nos enseña que las cruces no son signos de contradicción, sino caminos misteriosos de Dios en nuestra vida; que la fragilidad no es un muro sino un espacio abierto de posibilidades cuando nuestra confianza se ancla en el poder de Dios. El relicario nos invita a una aceptación amorosa de la Cruz que nos lleva a la alegría de Cristo Resucitado.

Un libro abierto, el Evangelio

“¡Mi vida es Jesucristo! Siento fuertemente la necesidad de formarnos en Jesucristo y practicar sus virtudes toda la vida. Debemos adherirnos fuertemente a Jesucristo como nuestra raíz y no separarnos nunca de Él”.
Hoy nos invita a ser un Evangelio abierto donde todos puedan leer a Jesucristo. Vivir el Evangelio es su camino de santidad.
El relicario habla de su sencillez evangélica. Vivió su vida cotidiana, totalmente ofrecida a Dios, unida a la ofrenda de Jesús y María. Hoy nos dice: La santidad no llega de repente. No consiste en hacer obras brillantes, sino en hacer lo mejor posible lo que nos toca, y en el lugar donde el buen Dios nos ha puesto.

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